En el ámbito cristiano, y particularmente dentro de la creencia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el cuidado del cuerpo es considerado un acto de mayordomía hacia el Creador. La Biblia, especialmente en el libro de Levítico, nos ofrece principios fundamentales sobre lo que debemos consumir y lo que debemos evitar en nuestra dieta, brindándonos sabiduría que no solo es relevante en un contexto espiritual, sino también en términos de salud física.

Levítico 11 y las Instrucciones sobre los Animales Terrestres

En Levítico 11, Dios da instrucciones claras sobre los animales permitidos y prohibidos para el consumo, tanto terrestres como acuáticos, a los israelitas. Específicamente, en cuanto a los animales terrestres, se menciona que aquellos que tienen pezuñas hendidas y rumian son los permitidos para el consumo, mientras que aquellos que no cumplen con estas características están prohibidos. El versículo 3 de Levítico 11 dice:

“De entre los animales, cualquiera que tenga pezuña hendida y rumie, éste comeréis” (Levítico 11:3, RV60).

Esta distinción que se hace entre los animales permitidos y los prohibidos tiene una razón de salud que, si bien puede no haber sido completamente comprendida en tiempos bíblicos, se alinea con los principios modernos de la nutrición. El enfoque de Dios, al definir qué animales se pueden consumir y cuáles no, nos invita a reflexionar sobre las implicaciones de esas decisiones para la salud humana, no solo desde un punto de vista espiritual, sino también desde una perspectiva de bienestar físico.

Los Animales con Pezuñas Hendidas y Rumiantes

Según la ley divina expuesta en Levítico 11, los animales que tienen pezuñas hendidas y rumian son permitidos, lo que incluye animales como vacas, venado y ovejas. Estos animales, al ser rumiantes, tienen un sistema digestivo especializado que les permite extraer nutrientes de las plantas fibrosas mediante la fermentación en su rumen. Este proceso no solo les permite aprovechar mejor los recursos vegetales, sino que también se traduce en productos más equilibrados nutricionalmente cuando se consumen por los seres humanos.

Desde un punto de vista nutricional, los rumiantes que consumen una dieta basada en pasto (como las vacas y el venado) producen carne y leche con un perfil de ácidos grasos más saludable, en comparación con aquellos animales no rumiantes o aquellos que son alimentados principalmente con granos. La carne de estos rumiantes alimentados con pasto contiene mayores niveles de ácidos grasos omega-3 y antioxidantes como la vitamina E (Mozaffarian et al., 2010), lo que es beneficioso para la salud cardiovascular y la función cognitiva.

Los Animales No Permitidos Según Levítico 11

Por otro lado, Levítico 11 también prohíbe consumir animales que no cumplen con las características mencionadas. Entre estos animales se incluyen los que no tienen pezuñas hendidas o no rumian, tales como el cerdo, el camello y el conejo. La carne de cerdo, por ejemplo, ha sido relacionada en varios estudios con un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, debido a su contenido elevado de grasas saturadas, las cuales son perjudiciales cuando se consumen en exceso (World Health Organization [WHO], 2015).

Grasas Saturadas y sus Consecuencias en la Salud Humana

Las grasas saturadas, presentes en muchos de los animales no permitidos por la ley bíblica y en aquellos que son alimentados con granos (como los cerdos y pollos industriales), son conocidas por sus efectos perjudiciales en la salud humana. Las grasas saturadas aumentan los niveles de colesterol LDL, también conocido como colesterol «malo», lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, tales como la arteriosclerosis, ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares (Mozaffarian et al., 2010). Además, las dietas altas en grasas saturadas están vinculadas a la diabetes tipo 2, la hipertensión y el síndrome metabólico, que son condiciones prevalentes en muchas sociedades modernas.

El consumo regular de grasas saturadas también está relacionado con un mayor riesgo de obesidad. Estas grasas son altamente calóricas y, cuando se consumen en exceso, pueden llevar a un aumento de peso significativo. La obesidad, a su vez, es un factor de riesgo para una serie de enfermedades crónicas, incluidas las enfermedades del corazón, el cáncer y la diabetes tipo 2 (Sabaté, 2017).

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), una agencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha clasificado la carne procesada como un carcinógeno del Grupo 1, lo que significa que hay evidencia suficiente de que consumir carne procesada aumenta el riesgo de cáncer, especialmente el cáncer colorrectal (WHO, 2015). Este es otro de los factores por los cuales la prohibición de ciertos tipos de carne en Levítico 11 cobra relevancia, ya que no solo tiene implicaciones espirituales, sino también saludables.

Beneficios de Evitar las Grasas Saturadas y Optar por Dietas Basadas en Plantas

Al considerar las enseñanzas bíblicas y la ciencia moderna, vemos que evitar los alimentos ricos en grasas saturadas, como los provenientes de animales no permitidos según Levítico 11, puede tener beneficios sustanciales para la salud. Los estudios han demostrado que las dietas basadas en alimentos vegetales, que son bajas en grasas saturadas, reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer (Sabaté, 2017). Además, las dietas vegetarianas han mostrado ser beneficiosas para la salud mental, reduciendo el riesgo de depresión y ansiedad, al proporcionar una nutrición equilibrada que apoya la función cerebral (Tuso et al., 2013).

Elena de White, escritora y profetisa dentro de la tradición adventista, enfatizó la importancia de una dieta vegetariana basada en principios naturales y saludables. En su libro La Ciencia del Buen Vivir, escribe:

«La salud depende en gran medida de la alimentación. Si queremos ser saludables, debemos seguir una dieta sencilla, basada en alimentos naturales, y evitar el consumo de grasas que obstruyen las arterias y causan enfermedades» (White, 1905).

Esta enseñanza no solo se basa en la sabiduría espiritual, sino también en los principios de salud respaldados por la ciencia moderna.

Cuidando el Cuerpo Como Templo de Dios

En Levítico 11, Dios establece principios claros para la alimentación, no solo con el propósito de guiarnos en nuestras decisiones espirituales, sino también para promover nuestra salud física. Al seguir estos principios, como los de evitar los animales con carnes ricas en grasas saturadas, estamos cuidando nuestros cuerpos y honrando a Dios, quien nos ha dado el don de la vida y la salud.

El estudio moderno de la nutrición confirma la sabiduría que se encuentra en la Biblia. Evitar las grasas saturadas, especialmente aquellas provenientes de animales no permitidos, y optar por dietas basadas en alimentos vegetales y rumiantes alimentados naturalmente, puede ayudarnos a vivir vidas más saludables y cumplir con el llamado de cuidar nuestros cuerpos como templos del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19).

Por tanto, al integrar las enseñanzas bíblicas sobre la alimentación con los principios de salud respaldados por la ciencia, podemos no solo mejorar nuestra salud física, sino también crecer en nuestra relación con Dios, demostrando gratitud por los dones que Él nos ha otorgado.

Referencias

Podcast also available on PocketCasts, SoundCloud, Spotify, Google Podcasts, Apple Podcasts, and RSS.

Deja un comentario