
La secuencia de eventos relacionada con la segunda venida de Cristo y el fin del mundo, tal como la describe Elena G. de White, puede organizarse atendiendo a cuatro criterios fundamentales que facilitan la comprensión de la progresión profética y escatológica, la lógica temática, la cronología y la causalidad, así como la confirmación en los propios escritos de la autora. En primer lugar, el criterio de progresión profética y escatológica se fundamenta en la secuencia general presentada en El conflicto de los siglos (White, 1888), Eventos de los últimos días (White, 1992) y Primeros escritos (White, 1851), además de considerar la estructura bíblica de Mateo 24, Daniel 7-12 y Apocalipsis 13-22. Estos pasajes proporcionan un marco que inicia con señales tempranas, como la corrupción moral y el declive económico, y culmina con la consumación del plan divino en la segunda venida de Cristo.
Seguidamente, el criterio temático agrupa los acontecimientos según su naturaleza social, religiosa, política y sobrenatural, lo cual permite apreciar el modo en que cada uno influye en la experiencia humana y en la preparación espiritual de los creyentes. En este sentido, se observan eventos de carácter global que preceden la imposición de la Ley Dominical y la persecución religiosa, poniendo de manifiesto el vínculo entre las transformaciones sociales y políticas y la respuesta de la comunidad de fe. Por otro lado, el criterio cronológico y causal ordena los sucesos atendiendo a la relación de causa y efecto: así, la crisis moral y social facilita la unión de poderes religiosos y políticos, lo cual deriva en la imposición de la Ley Dominical y, a su vez, en la persecución, desatando el llamado tiempo de angustia y culminando en la segunda venida de Cristo.
Finalmente, el criterio de confirmación en los escritos de White exige la verificación de cada paso en las referencias específicas de sus publicaciones, destacando la coherencia interna y la claridad con que describe la progresión de los sucesos. Varios autores adventistas han adoptado esta misma metodología de análisis para estructurar los eventos finales, como puede verse en trabajos de Smith (1897), Froom (1950) y Knight (1997), quienes coinciden en la relevancia de seguir una secuencia profética, la agrupación temática y la relación cronológica entre las señales y eventos descritos por la Sagrada Escritura y ampliados por la Hna. White. Este orden sistemático, por lo tanto, no solo ayuda a ubicar los principales hitos de la historia final, sino que también resalta la importancia de la preparación espiritual continua en vista de la culminación del gran conflicto entre el bien y el mal.
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A medida que exploramos con detenimiento estos estudios, nos adentramos en una narrativa que, a la vez que nos conmueve, busca despertar nuestra conciencia espiritual y alentarnos a reflexionar sobre nuestro papel en la historia final de la humanidad. Tal como Elena G. de White lo describe en El conflicto de los siglos (White, 1888), Eventos de los últimos días (White, 1992) y Primeros escritos (White, 1851), cada suceso anunciado forma parte de un plan divino que culmina en la segunda venida de Cristo. Autores adventistas como Uriah Smith (1897), Le Roy E. Froom (1950) y George R. Knight (1997) también han profundizado en estos temas, reforzando la importancia de comprender la progresión de señales y eventos.
Señales en el Mundo y la Sociedad

En este primer capítulo, las señales que se manifiestan a escala mundial y social nos llevan a contemplar la realidad de un planeta al borde de la crisis. Somos testigos de guerras, hambrunas y desastres naturales que, si bien han existido a lo largo de la historia, adquieren una intensidad sin precedentes. La violencia, la inestabilidad económica y la degradación moral se presentan como indicadores tangibles de que algo extraordinario se avecina (White, 1888). El propósito no es generar temor, sino invitarnos a considerar el trasfondo espiritual: cada catástrofe o conflicto revela la fragilidad humana y la necesidad de un poder superior que brinde esperanza.
Es imposible permanecer indiferentes ante los informes de corrupción y desesperanza que inundan nuestro entorno; más allá de la tristeza que esto ocasiona, surge la urgencia de prepararnos moral y espiritualmente para enfrentar desafíos mayores. Así, este capítulo se convierte en un llamado a la reflexión: cada noticia sobre desastres ambientales o crisis internacionales es, en última instancia, un susurro divino que nos insta a volver la mirada hacia lo eterno.
Señales en la Iglesia y el Mundo Religioso.

El segundo capítulo se enfoca en la esfera religiosa, donde se desatan fenómenos tan impactantes como la apostasía y los falsos avivamientos. Aquí, la palabra “engañar” cobra un matiz especialmente siniestro: abundan líderes que proclaman mensajes ambiguos y superficiales, conduciendo a multitudes por sendas contrarias a la genuina verdad bíblica (White, 1851). Este escenario de confusión, profetizado por Jesús en Mateo 24:24, habla de “falsos cristos y falsos profetas” capaces de realizar supuestas señales milagrosas para desviar a los incautos.
A la par de estos movimientos engañosos, se menciona la predicación del evangelio en todo el mundo (Mateo 24:14), lo cual revela el otro polo de la gran contienda: la fe verdadera no se apaga, sino que se expande, avivada por la convicción y la esperanza de miles de creyentes. También surge la unificación de las religiones bajo principios erróneos, una suerte de ecumenismo que, lejos de promover la verdad, allana el camino para la imposición de doctrinas humanas antes que divinas. Dicho panorama, aunque desconcertante, refuerza la certeza de que estamos en un momento decisivo de la historia, donde cada individuo deberá definir su postura ante la verdad.
Ley Dominical y Persecución
En el tercer capítulo, se asoma la sombra de la imposición de una ley dominical universal. Esta no implica únicamente un cambio en la rutina semanal, sino que repercute directamente en la conciencia y la obediencia a los mandamientos divinos, en especial el que señala la observancia del sábado bíblico (Éxodo 20:8-11). Según White (1992), llegarán tiempos en los que poderes religiosos y políticos se unirán para decretar leyes que obliguen a la población a someterse a una norma en contradicción con la Palabra de Dios.
Al no acatar el mandato que pretende abolir la observancia sabática, los fieles enfrentarán una persecución abierta. Este capítulo desenmascara la amenaza de la coerción religiosa, que se hará palpable en la restricción de libertades fundamentales y en sanciones económicas para aquellos que rechacen la llamada “marca de la bestia” (Apocalipsis 13:17). El lector podrá sentirse conmovido ante tal escenario, pues refleja la magnitud de la decisión que, en un futuro, cada persona habrá de tomar: alinearse con los mandatos de Dios o doblegarse ante presiones humanas.
Tiempo de Angustia

El cuarto capítulo describe uno de los episodios más sobrecogedores de la escatología bíblica y de los escritos de Elena G. de White: el llamado tiempo de angustia. En este período crítico, se manifiesta una intensa confrontación entre los que permanecen fieles a la ley de Dios y aquellos que han optado por seguir al sistema apóstata. Sin embargo, no todo es oscuridad. En medio de este caos, desciende la lluvia tardía, una efusión especial del Espíritu Santo que fortifica a los fieles para atravesar las pruebas más terribles (White, 1851).
Este tiempo también coincide con el cierre de la gracia, cuando el juicio investigador en el cielo, del cual se habla en Daniel 7 y 8, llega a su culminación (Knight, 1997). Para los creyentes, este concepto resulta estremecedor y al mismo tiempo esperanzador: significa que el destino de cada persona queda sellado, pero también que el rescate divino está muy cerca. La humanidad se divide de manera definitiva en dos grupos: quienes siguen firmemente a Cristo y quienes sucumben a los engaños satánicos y las imposiciones humanas. Asimismo, las siete plagas postreras caen sobre la humanidad rebelde (Apocalipsis 16), evidenciando la justicia divina frente a la desobediencia persistente.
Engaños Satánicos y Prueba Final
En el quinto capítulo se vislumbra el clímax de los engaños. Satanás, con astucia deslumbrante, se hace pasar por Cristo, presentándose con señales y prodigios que buscan confundir incluso a los elegidos (Mateo 24:24). Este pasaje encierra una profunda carga emocional: la humanidad, que por siglos ha anhelado la venida del Hijo del Hombre, se ve enfrentada a un impostor cuya apariencia majestuosa e impresionantes milagros podrían engañar a muchos (White, 1888).
La prueba final alcanza proporciones estremecedoras: los verdaderos creyentes, ya hostigados por la persecución, ahora deben encarar un falso Cristo que promete paz y soluciones milagrosas para la crisis mundial. En este punto, el lector puede casi palpar la tensión: ¿quién resistirá un escenario tan sobrecogedor? Sin embargo, la verdadera fe, cimentada en la Palabra de Dios y fortalecida por la lluvia tardía, logra discernir la autenticidad o falsedad de los milagros. Aquellos que rehúsan inclinarse ante la impostura satánica quedan en riesgo de muerte, pero sus nombres están inscritos en el libro de la vida.
Segunda Venida de Cristo
El sexto capítulo nos conduce al momento más esperado en la historia de la redención: la segunda venida de Cristo. Aun cuando las tinieblas cubran la Tierra y los fieles sientan que el mundo entero se alza en su contra, la intervención de Dios se hace inconfundible. En una escena de gloria indescriptible, se abre el cielo y aparece la señal del Hijo del Hombre (Mateo 24:30). El estruendo de trompeta celeste marca el instante en que los justos muertos resucitan, mientras los fieles vivos son transformados en un abrir y cerrar de ojos (1 Corintios 15:52).
En ese emotivo encuentro, Cristo reúne a su pueblo de todos los tiempos. La contemplación de los rostros que durante la vida demostraron lealtad al Evangelio, sumada a la dicha de saberse protegidos para siempre, despierta una gratitud conmovedora. Las palabras de White (1992) describen este suceso como la consumación de toda esperanza. Nada se compara con la certeza de que la muerte ha sido vencida y el universo entero contempla la victoria del amor divino sobre las fuerzas del mal. Al ascender con Cristo en las nubes, la humanidad redimida deja atrás el dolor, la persecución y el temor, abrazando la plenitud de la salvación prometida.
Destino Final de la Humanidad
El último capítulo culmina con la pregunta más solemne: ¿qué sucede con la humanidad y la creación después de este gran desenlace? Al instante de la venida de Cristo, los impíos son destruidos por la gloria divina, incapaces de resistir la pureza y la majestad del Señor (White, 1888). La Tierra queda desolada, y Satanás, sin nadie a quien tentar, permanece atado en este escenario de ruinas durante mil años (Apocalipsis 20). Mientras tanto, los redimidos participan de un milenio en el cielo junto con Cristo, examinando los registros divinos y comprendiendo plenamente los juicios de Dios (Froom, 1950).
Este período de mil años no es un descanso pasivo, sino un tiempo de reflexión y vindicación. Cada pregunta que alguna vez perturbó la mente humana —por qué un ser querido rechazó la gracia, cómo Dios manejó cada caso— encuentra respuesta en la luz de la verdad. Concluido el milenio, tiene lugar la resurrección de los impíos, quienes, engañados nuevamente por Satanás, se levantan para la batalla final (Apocalipsis 20:7-9). Es en este instante donde el juicio final se materializa y la justicia divina se revela con absoluta claridad. Al fin, el pecado es erradicado para siempre, y la Tierra es purificada y restaurada a su esplendor original.
Esta perspectiva del destino definitivo no es meramente una profecía tétrica, sino una promesa de renovación. Las Escrituras y los escritos de White (1851, 1888, 1992) presentan un mundo libre de dolor, muerte y sufrimiento, donde el plan divino alcanza su máxima realización. Lejos de ser un desenlace que infunda terror, se alza como la gran esperanza que ha sostenido a la Iglesia a lo largo de los siglos: un nuevo cielo y una nueva tierra, habitados por quienes, movidos por su amor a Dios, eligieron la justicia y la misericordia en medio de la oscuridad de los últimos días.
Los siete capítulos que vamos a estar explorado se hilvanan en una historia que, aunque cargada de momentos estremecedores, está impregnada de la constante intervención de un Dios compasivo y justo. Cada etapa —desde las señales mundiales hasta la purificación final de la Tierra— pone de manifiesto la seriedad de la batalla entre el bien y el mal. Sin embargo, también deja en claro que, a pesar de las pruebas inminentes, la victoria está asegurada para quienes depositen su fe en Cristo.
Este mensaje no pretende ser un mero relato para suscitar curiosidad o miedo. Más bien, es una invitación a vivir con sentido de urgencia y esperanza, recordando que cada día trae consigo la oportunidad de afianzar nuestros valores y convicciones. Así como las tragedias de la vida nos despiertan a la realidad de nuestra vulnerabilidad, este panorama profético nos estimula a buscar la gracia de Dios y a permitir que transforme nuestra existencia.
La lectura de estas profecías, tan contundentes en la pluma de Elena G. de White y analizadas por destacados autores adventistas, puede provocar un cúmulo de emociones: asombro, inquietud, incluso una profunda nostalgia por la patria celestial. Pero, sobre todo, nos anima a sostenernos en la promesa de que, al final, el amor divino triunfará. Este gran drama cósmico no se reduce a un acto de devastación, sino que concluye con la reconciliación definitiva de la creación con su Creador. Y esa certeza, tan conmovedora como intrigante, nos impulsa a seguir leyendo, a seguir explorando los detalles de este relato que, en última instancia, toca las fibras más íntimas de nuestro ser.
Así, la historia no acaba aquí: queda la decisión que cada uno de nosotros debe tomar en el presente, pues cada capítulo de la narrativa profética conecta con nuestra vida diaria, con los anhelos y luchas personales que experimentamos. Quien sigue leyendo estas publicaciones encontrará razones para persistir en la fe, para abrazar una esperanza que trasciende la muerte y para descubrir que, a pesar de la oscuridad que se cierne sobre la Tierra, el amanecer de la redención está a las puertas.
Referencias bibliográficas
- White, E. G. (2007). El conflicto de los siglos (versión en español). Florida, EE. UU.: Publicaciones Interamericanas. (Obra original publicada en 1888)
- White, E. G. (2008). Primeros escritos (versión en español). Florida, EE. UU.: Publicaciones Interamericanas. (Obra original publicada en 1851)
- White, E. G. (2014). Eventos de los últimos días (versión en español). Florida, EE. UU.: Publicaciones Interamericanas. (Obra original publicada en 1992)
- Smith, U. (2012). Daniel y el Apocalipsis. Doble versión: extractos seleccionados de Las profecías de Daniel y Las profecías del Apocalipsis (versión en español). Idaho, EE. UU.: Pacific Press. (Obra original publicada en 1897)
- Knight, G. R. (2000). Una breve historia de los adventistas del séptimo día (versión en español). Miami, EE. UU.: Asociación Publicadora Interamericana. (Obra original publicada en 1997)
- Froom, L. E. (1950). The Prophetic Faith of Our Fathers (Vols. 1-4). Washington, D.C.: Review and Herald.


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